LAS ABUELAS SIEMPRE TIENEN RAZÓN

Las madres, y especialmente las abuelas, siempre tienen razón. No hay nada de malo en ello, excepto que nos damos cuenta más bien tarde, cuando ya nos hemos convertido en adultos y la vida nos ha dejado muy claro que nuestra cabezonería juvenil finalmente nos ha llevado a tener que admitir que estábamos equivocados (con la rabia que da). Incluso acertaban cuando predecían que más tarde nos arrepentiríamos (¡ya te acordarás, ya!). Pero claro, como nos empeñamos en aprender cada uno andando su propio camino, a nuestra bolita, haciéndolo todo mucho más complicado (aunque intenso e interesante), pues…

Me viene ahora mismo a la mente algún ejemplo. Frases abuelísticas que en su momento produjeron descrédito, levantamiento de ceja (¿pero qué dice mi abuela?), o directamente risa contenida, pero que en más de una cabeza deben aún resonar.


Por ejemplo, la nieta que llega a casa y plantea que va a dejar de estudiar para hacerse de oro como el Tío Gilito. Se va a comer el mundo y en su plan no entran los libros.

(Silencio tenso familiar)

Pasado el susto inicial, la madre cuenta telefónicamente la nueva ocurrencia a la abuela, que rápidamente intercepta a la jovenzuela para narrarla su vida de penurias basadas mayormente en no ir a la escuela de niña y trabajar unas 28 horas al día en el campo (acarrear, cuidado de animales…) y en casa (hijos, cocina, enfermos encamados…). La nieta no ve qué coño tiene todo eso que ver con ella puesto que en su planteamiento de vida inocente-subido-inconsciente no entra nada de eso, ¡para nada!, sino trabajar en una tiendita de ropa de moda, como mucho las 35 horas reglamentarias, pareciendo en todo momento uno de sus maniquíes.

La abuela se ve obligada a sacar la artillería pesada, y dispara uno de los más grandes consejos de todos los tiempos escuchados a abuelas: tú lábrate un buen porvenir. Saca con bien los estudios, escoge una buena profesión, con futuro, y cuando ya estés ganando bien de dinero, entonces te arrimas a un hombre, bueno y trabajador, y si por lo que sea ése no te conviene, le mandas a tomar pol culo y te buscas a otro. Pero primero tú, que ganes tus propios dineros, que nunca tengas que depender de un hombre ni de nadie, ¡que eso es lo último!.

Nada que añadir por nuestra parte, aunque sí por parte de la nieta, que entre lo de estudiar y el no echarse novio hasta los 30, ve peligrar su salida nocturna el finde a las fiestas del pueblo de al lado (y va a ir Igor…), y se revuelve como gato panza arriba argumentando que su abuela está pasada, que no se entera de nada, que ahora las cosas ya no son como antes, que ella hará lo que quiera con quien quiera y que, por supuesto, volverá a casa con la madrugada del día siguiente, no antes.

Y aunque ante esto la abuela ya ve que ha perdido posiciones, no se rinde la voz de la experiencia y suelta aquella gran frase: de noche todos los gatos son pardos. Amén.

El problema en realidad viene cuando la nieta, algo más crecidita ya, un día se escucha a sí misma hablándole de los gatos a una chiguita de 15 años, con sus pantalones ceñidos de colores, su escote enseñando nada (porque nada hay), su maquillaje tipo Agatha Ruiz de la Prada y sus tacones de 15 cm. Ve en sus ojos lo mismo que la pasaba a ella por la cabeza cuando la abuela la aconsejaba (“¿pero qué coño dice la pava ésta? ¡que yo ya sé lo que hago, tía!”) y siente que se debe estar completando el círculo de la vida o algo así, porque cuando llega a casa se pasa toda la noche sin dormir hasta que oye llegar a la mozuela.

Será, como dicen, ley de vida, pero ¿no habrá manera humana de que en su momento se dé la razón a las abuelas, porque la tienen, cuando dicen que:

  • Poco a poco se anda el camino
  • No se puede esperar todo de los amigos, cuando realmente lo necesites sólo te va a ayudar la familia
  • ¡Pero cómo no vais a coger frío si vais enseñando la tripa y con los riñones al aire!
  • Lo que digan las vecinas… ¡a mí plin!
  • Ahora ya ninguno tenéis novio, ahora todos sois amigos
  • La vida es muy luchona, hay que luchar muchísimo
  • No hay que meterse con nadie, pero tampoco dejarse pisar
  • Hay que comer de todo
  • La nieve es blanca pero es negra
  • Tú siempre palante, que para ir patrás ya hay tiempo
  • (Con una anchoa rebozada en la mano) ¡éstas se comen con chaquetilla y todo, chiguita!
  • Más sabe el diablo por viejo que por diablo?

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~ por labea en 2 abril, 2010.

5 comentarios to “LAS ABUELAS SIEMPRE TIENEN RAZÓN”

  1. Y, el tiempo le dijo al tiempo…No hay nada más sabíos que los abuelitos y nada más normal que la inconsciente juventud.
    Muy bien explicado.
    Un saludo.

  2. No se yo… porque mi abuela chochea y se mea por todas partes…

  3. Que no sea ésta su última visita, Pipermenta…

    Señor Nonsense, cuando tenga una edad prudencial de ser abuelo, si llegamos, mándeme un escrito…

  4. Mi abuela cuenta siempre verdades como puños a base de refranes y mas refranes (pero con mas razón que un santo…je…)

  5. ¡Que vivan los refranes, los dichos populares, las palabras que sólo dicen los abuelos y las que sólo se pueden emplear cuando vas al pueblo!.

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