PADRES MODERNOS

Creí que lo peor ya lo habíamos vivido en nuestras propias carnes, con esos padres que emigraron del pueblo a la ciudad en busca de algo mejor y que tenían por bandera dejar que la calle nos educara (por todas las horas que pasamos en ella) y soltar de vez en cuando:

– “¿a que me quito la zapatilla?”, “¿te doy un cachete?, ¿te lo doy?” (Pedagogía de la amenaza, 1980).

– “Hay gente muy mala en el mundo… no te dejes engañar, no vayas con nadie que no conozcas, y no te separes del grupo, y no cojas nada de extraños, y no te montes en el coche de nadie, y ten cuidado con lo que haces por ahí” (si esto no es el caldo de cultivo ideal para desarrollar una patología basada en el miedo…).

– “O estudias o trabajas, pero comiendo la sopa boba no vas a estar. Cuando cumplas los 18 te vas por ahí y haces lo que te dé la real gana, pero mientras vivas bajo mi techo harás lo que yo diga. ¡Y desde hoy tu hora de llegada son las 22:00, y punto!. ¡Y quítate esas pintas que pareces una kinki! (¿quinqui?)” (El Negociador, próximo episodio en su casa).

Pero no, parece ser que no fueron nuestros progenitores los peores. De hecho, puede ser que ocupen un nivel intermedio, entre sus propios padres (que tenían también una telita educativa que…) y los padres de hoy, en el extremo opuesto, aunque no en el continuo de la mejora educativa precisamente.

rimaenconsonantePor partes. Hay gente que se plantea tener hijos en el futuro.  Puestos a imaginar, comentan: “me gustan los bebés”, “se me dan bien los niños”. Bueno, el único problema es que un hijo, si esperamos que vaya a durar 85 años, el periodo en el que es bebé/niño en realidad es cortísimo. Aunque tampoco es un planteamiento muy serio, eso ya viene después: “el día que tenga una hija tendrá que adaptarse a mí, a mi estilo de vida y a mis ritmos”. Vaya, hasta los que queremos adoptar un perro somos más flexibles, incluso con el sexo del hijo/can. Pero bueno, son tiempos juveniles, en los que aún se mira mal a quien ha dejado su carrera profesional en stand by para dedicarse a la crianza de los retoños, cuando aún se cree que llevar vida de soltero y ser padre o madre es posible…

Pero dejémonos de preliminares: ¿por qué alguien decide un buen día ser padre? (la palabra padre la hemos rebajado de peso excluyendo a los que meten penaltis & cols.). “Hay que dejar algo en este mundo para cuando mueras, no pasar por aquí sin más”, “tengo la necesidad de ser madre ahora”. Qué bonito, oigan. Hasta me entran ganas de potar (serán las lentejas de la comida…). En fin, terreno pantanoso que zanjaremos dejando al lector la reflexión adolescente de las clases de ética, cuando se trataba el tema de la libertad: de los tres seres implicados en todo este asunto, el protagonista es el único que no elige.

¿Qué se puede esperar de alguien que decide sólo en función de sus necesidades? Pues obviamente, que eduque también desde su ombligo. Y es así que la crianza del nene se convierte en una proyección de las carencias, obsesiones, y traumas de los progenitores. Nunca tuve juguetes en mi infancia, así  que lleno a mis hijos de materialismo.

– “Hombre, no creo que sea muy adecuado para el niño dejarle hacer eso…”

– “Lo sé, pero ahora mismo es bueno para mí”.

No comment.

¿Alguna vez han tenido que presenciar una pataleta de un crío, por ejemplo, porque quiere un helado?. El conflicto surge cuando el padre o la madre no cede a los deseos, y se mantiene firme en su negativa (lo habrá leído en tenerprole.com). El niño empieza a ponerse pesado, y hay quien empieza a mentir “luego te lo compro”. Error. Acabamos de programar una maquinita que cada diez minutos va a preguntar ¿cuándo es luego?, ¿luego ha llegado ya?, y así hasta que tenga el helado en la mano. Algunos papis resisten un poco más el ataque infatil, por lo que acaban desquiciados, gritando y zanrandeando al querubín de tal forma que su cerebrito se mueve dentro del cráneo como el regalo de un huevo Kinder, lo cual debe ser fatal para su desarrollo. Luego tenemos al grupo de los padres modernos más resistentes, que aguantan al chaval en modo pesao pesao durante tiempos increíbles, y justo cuando  la rabieta está empezando a remitir, incomprensiblemente, ¡compran el helao!. Atención a estos pequeñuelos reforzados si son ustedes tíos, abuelos, vecinos, monitores, etc. Repitan conmigo: NO, me viene fatal quedarme con tu hijo hoy. Y mañana también.

Es verdad que ahora mismo tener hijos sin cuidadores externos es complicado, aunque pueden plantearse dudas, como por ejemplo, de quién son exactamente los niños cuando se pasan de lunes a sábado rodeados de adultos distintos de los padres engendradores: la chica que los levanta y los lleva al cole, los profesores y cuidadores del comedor, los monitores de las extraescolares, la abuela que los recoge y se encarga de ellos hasta la cena, que es justo cuando llegan los de la semillita.

Acerquémonos por un momento al calvario del cuidador. Uno suele convertirse en cuidador porque lo deciden otros: “te dejo a los críos”. Desde su perspectiva ombliguista brindacomotuspapásentienden que la instrucción (para educar se necesita tiempo) que les dan a sus hijos es excelente, no admitiendo crítica ni corrección. Esta rigidez se convierte por necesidad en un problemón cuando la situación requiere que alguien ponga un poco de orden, y el único cuidador involuntario en varios metros a la redonda eres tú. Es en el momento en que decides poner límites al pequeñín cuando aparecen los progenitores, pero no en su forma habitual paso del niño que te cagas a no ser que dé mucha guerra que le enchufo a la Wii y se acabó, sino que como por arte de magia, el progenitor se presenta en su forma postmutación (digievolucionada) de padre superprotector y preocupadísimo por mi hijo al que nadie le va a llamar la atención y mucho menos tú. En esta situación el cuidador tiene muy poco margen de acción, y desde aquí sólo podemos recomendar la retirada antes de que explote la cabeza llena de sangre, por la ira, del padre mutado sobre el cuidador delante del niño (para más inri).

Cuando el cuidador no es tal, sino maestro o profesor en la vida, la cosa es aún más peliaguda dado que no existe la opción huida. Siempre me he preguntado qué le hace pensar a un padre que sabe más sobre educar que el profesor con el que va a hablar (al que va a poner la cara roja tras haber osado a quitar el móvil a su hijo por andar jugueteando con él en clase). Claro, que estamos dando por supuesto que el padre mutado puede pensar, y tal vez suponemos demasiado…

Y que no nos vendan la moto de que vivimos en una sociedad muy estresada, estamos todos muy nerviosos, el ritmo de vida, el trabajo y tralará. También dicen que ésta es la sociedad del ocio, de lo que concluyo que también hay ratos libres, por ejemplo, los domingos, que antes hemos declarado como el día que tiene el  engendrador para dedicarlo a su prole. Lo que no hemos detallado es que las mañanas están dedicadas a bajar al bar  a tomar el vermú para demostrar al vecindario que aún se tiene un nivel económico que permite estas florituras. A todo no se puede estar (pinchar las resbaladizas aceitunas y vigilar a los hijos), y acostumbrados como están los padres durante la semana a que el cuidador sea otro, durante estos periodos se delega esa responsabilidad sobre los camareros, que atienden las mesas mientras bajan a los niños de la máquina tragaperras.

La verdad es que nunca entenderé la manía de meter a un hijo en un espacio cerrado lleno de humo, aunque hay padres y madres más sanos, sí… Los hay que aprovechan las mañanas para ejercer como padres mutados y energúmenos en las actividades deportivas de sus hijos, destrozando todo el potencial de la sana afición de sus hijos, a base de encolerizarse contra el árbitro, el entrenador, otros niños u otros padres. Vamos, que no me extrañaría que alguna de estas criaturas hiciera autocandidatura para darse en adopción sólo por el bochorno que les hacen pasar en cada partido.

alosnenosPermítanme que termine contándoles una “anécdota”: un 31 de diciembre aparecí en un pequeño pub, lleno de humo y gente, música infernal a un volumen apropiado para un aeropuerto… ya saben, Nochevieja. A la entrada, junto a la máquina de tabaco, había un cochecito de bebé con un ser minúsculo en su interior. Ojiplática y envalentonada por la cerveza,  me arriesgué a comentar al padre “igual no es el sitio más indicao para el bebé, ¿no?”. El padre me contestó beodamente, moviendo el cubata al ritmo de Bulería, bulería: “¡no te preocupes, mujer!, ¡si no se entera!, ¡mira mira, si está totalmente dormida!”. Cierto es, dormida estaba… Y cierto es también que no todos los padres salen de fiesta con un bebé, pero sí hay una tendencia muy veraniega a que los niños trasnochen para que los padres puedan salir por las terracitas del lugar. Señores legisladores: no se empeñen en cerrar cada vez más pronto los bares, ¿no ven que desde pequeños ya nos enseñan las mejores costumbres?.

Está claro que no todos somos aptos para ser padres (tampoco hemos de serlo), pero lo sorprendente es que la gente se ofenda tanto cuando mencionas las escuelas de padres.

Que empiecen cuanto antes con los programas de esterilización masivos, por favor.

– “¿Y tú qué coño sabes de esto? ¡si no tienes hijos!”

-“¡Y a ti no deberían haberte dejado tenerlos, so capullo!”


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~ por labea en 5 abril, 2009.

3 comentarios to “PADRES MODERNOS”

  1. Jajaja muy bueno niña… lo k me he reido… si es que tienes un arte… ya te lo tengo dicho y tu sin creerme… te doy un 10 en este post ¿se puede puntuar no? 😛

  2. Y qué tal un término medio? Ni guantadas a go-go ni estas actitudes de los padres que están hoy tan de moda de mi hij@ la picia y la culpa es del primer adulto que se le cruza por no haberselo impedido o algún absurdo parecido…

  3. En cuanto pueda, la meteré en nómina como comentadora, doña Jol. Mientras, a la espera quedamos de ver la maternidad de doña Ánix…

    ^^

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