RAMÓN Y CAJAL

Anda que no nos habremos reído veces en la etapa infantojuvenil de los chavales agraciados con el premio gordo de estudiar aquello que pensé que cambiarían de nombre: la E.S.O. Que si estaban empanados, que si no les enseñaban nada, que si no sabían hacer la O con un canuto… Tampoco ayudaban mucho los profes de entonces, que tenían la lengua muy suelta a la hora de analizar la nueva legislación educativa en las aulas del viejo B.U.P., lo que nos henchía de gloria un poco más. Pero claro, siempre hay alguien que te puede cerrar la boca, y miles de cosas por aprender, cuyo desconocimiento puede ser la bofetada que necesitas para volver con humildad a la realidad.

Casi pondría la mano en el fuego sin miedo a quemarme al asegurar que en casi todas las ciudades hay una calle que se llama “Ramón y Cajal”, lo cual está muy bien pero… ¿quién fue?. Mmmm… ¿un médico?, ¿un tipo de barba blanca?, ¿un tipo internacional?, ¿un investigador?, ¿un abuelito Werter’s?.

No sé si a los chavales de la E.S.O. les invitan a conocer a este señor, pero yo tuve que esperar hasta la universidad para saber de él. Sí, bueno… más o menos… algo te suena… un señor antiguo y tal… importante… (recordemos que hay quien dice que si no puedes expresar lo que sabes, en realidad muy claro no lo tienes).

Estaba hincando los codos en la mesa, en los primeros temas del libro, perdida entre los colorines de los dibujos y los términos científicos cuando apareció cual revelación: el señor Ramón y Cajal planteó que la neurona era la base estructural del sistema nervioso. Le dieron el premio Nóbel (equivalente al perrito piloto y la chochona en las barracas) al 50% con el señor Golgi, que fue otro ilustre que se dedicaba a echar una sustancia tóxica sobre los tejidos nerviosos consiguiendo que se vieran las neuronas divinamente.

No espero que ustedes vivan la misma emoción que me causó a mí este hallazgo, y no quiero que piensen que mi impresión era semejante a lo que produce ver un partido de la selección española de fútbol. No, no va por ahí la cosa, sino que al pensar en el desarrollo actual de la neurociencia, y en el señor Santiago en su laboratorio con un microscopio del “todo a 100” comparado con los actuales…

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~ por labea en 21 septiembre, 2007.

2 comentarios to “RAMÓN Y CAJAL”

  1. Sin quererlo has tocado la fibra de Caelio. Don Santiago es natal de una tierra muy querida por mí. Allí no hay calles, sino avenidas, colegios públicos, institutos y parques dedicados al ilustre. Todo es poco. ¿Qué habría sido de Don Santiago en la era de internet?.

    brillante, Labea.

    off topic: me llama mucho la atención tu inclinación a tratar a todos de usted.

  2. ¿Brillante? ¿¿¿Usted, como don Pedro, también es de Bilbao??? (esto ya parece Medina o Villarcayo…).

    Respecto a lo último… para mí el tratamiento de “usted” es apropiado cuando hablas con personas que te merecen un respeto, a las que conoces más o menos derivando de ello un cierto grado de admiración y cortesía, y que además tienen a bien malgastar un poquito de su tiempo aquí. Vamos, cualquiera de ustedes.

    😀

    Firmado: labea, presidenta de PASF, “Pelotas aduladores sin fronteras”

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