86 NEGRITOS

Buscando la noticia de la semana, me encontré con ésta. No sé si durante las últimas semanas ha llegado mucha gente en barquichuelos desde África, pero la foto me parece un buen punto desde el que reflexionar. Cuando la vi, no pude evitar pensar en aquella vez que fui a Italia en bus (otro día os cuento el porqué).

El señor autobusero paró en Barcelona, donde había que hacer transbordo. Las instrucciones, o más bien la escasa vocalización al darlas, provocaron que los españoles sentados en las primeras filas comenzáramos a discutir sobre si el autobús que iba a Milán era el numero 1, si el que iba a Nápoles era el tercero aparcado por la derecha… Pensé que si nosotros no nos aclarábamos, los extranjeros, que eran bastantes, tendrían que flipar.

Después de un rato largo de andar maleta arriba maleta abajo entre decenas de autocares, decidí meter todo el equipaje en uno de ellos y listo. Y si no me lleva a mi destino, pues nada, el único problema es que llevo poco dinero, pero bueno, ya se me ocurrirá algo si aparezco en otra ciudad… Todo esto estaba rumiando cuando se me acercaron dos chicos negros con quienes había compartido viaje hasta ese momento. En el bonito lenguaje universal de losria-plentzia2.jpg gestos estuvimos debatiendo sobre cuál era el número de su coche, cuál es el mío, tú a dónde vas… Muy majos los chiguitos, incluso quisieron ayudarme a llevar las maletas a otro bus que ya tocaba la bocina impaciente previa a su salida, pero finalmente pude convencerles de que aunque fuéramos a sitios diferentes, seguiríamos el viaje juntos, y con éstas, nos montamos otra vez (yo jurando en arameo por no haber estudiado idiomas con la constancia debida).

Supongo que desperté por el frío, que ya era noche cerrada. El autobús se paró, y alguien empezó a decir que eran los gendarmes. Cuando una es empanada por naturaleza, no se entera de nada, pero si encima acaba de despertarse… Subieron unos señores vestidos de policías y empezaron a pedir la documentación. Al ver que todo el mundo sacaba el pasaporte comencé a sudar. Yo sabía que algo se me olvidaba, pero no caí en la cuenta de que era hacerme el dichoso librito con foto. Llegaron a mi sitio, temblorosamente tendí mi DNI, miraron la foto y me arrepentí de no haber puesto una actualizada. Me lo devolvieron y me sentí feliz de ser europea. Los señores gendarmes fueron uno a uno por todos los asientos. Hubo discusión con los chicos africanos de atrás, los que me quisieron ayudar en Barcelona. Al parecer no tenían papeles y bueno… les hicieron coger sus cosas y bajar del bus.

Creo que no olvidaré esa imagen. Una suerte de frontera tipo peaje de autopista, sin casas alrededor, y dos chicos allí plantados, con su bolsa de viaje, en medio de la noche y del frío, es decir, en medio de la nada. Algún pasajero preguntó qué les iba a pasar, pero nadie contestó.

Blog de Boris Hoppek, en www.graficacolectiva.org, en www.iguapop.net, más imágenes

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~ por labea en 8 agosto, 2007.

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