GENTE VPO

De todos los quehaceres del hogar, probablemente los que menos me gustan son fregar los platos y hacer la compra. Bueno, miento… en relidad odio ir al supermercado tanto como planchar, especialmente si se trata de un centro comercial o de una gran superficie, que entonces el grado de disgusto ya alcanza máximos históricos. Pero claro, hay que hacerlo… y con esa excusa, voy echando cuentas, y me sale que llevo dos décadas pidiendo la vez en la pollería donde, de niña, las viejas colonas (del verbo colarse como una perra) terminaron de traumatizarme.

He ido a hacer la compra del mes (aunque por el precio parecía que era para todo el año) a un supermercado del barrio de al lado, el cual yo definiría como… un espejismo. Donde hace cuatro años había un montículo despoblado y minas en su interior, hoy hay un barrio de tamaño medio, con sus jardines, sus guarderías, y próximamente con estación de tren y todo. Pero problablemente lo más característico es la gran cantidad de viviendas de protección oficial que hay en él.

Claro, ahora tenemos que adentrarnos en el resbaladizo tema de qué entendemos por VPO. Yo creía que se trataba de unas casas que contaban con una serie de ventajas o ayudas económicas para su compra, encaminadas a que todos podamos hacer realidad no ese sueño, sino ese derecho constitucional que es no tener que vivir bajo el puente. Vamos, que de alguna manera siempre había asociado igenuamente VPO con sectores de población menos favorecidos. Pero basta darse una vuelta por el supermercado para constatar la realidad.

torres-isozaki2.jpg

Es muy llamativa la juventud de los clientes de ese supermercado. Incluso me arriesgaría a decir que la edad media de los nuevos habitantes del barrio ronda los 35 años, una edad ideal para el 26,6% de mis maternales vecinas. Pero reclama especialmente mi atención su cuidado aspecto físico. Son todos mu modernos por fuera. Ropita de moda, botitas de tacón y punta afilada, pelito con “look” londinense supercasual pero más que retocao, móvil tan ultra actual que aún no se ha puesto a la venta… Vamos, que viéndolos así, cualquiera diría que son hijos de papá y residentes en la Moraleja, más que poseedores de una VPO y usuarios del Eroski.

Luego está lo que compran, fisgado sin mucho interés mientras avanzas en la cola del super. Inmensos “packs” de cocacola (la generación del anuncio de los Simple Minds: “down… down… down…”), enormes bolsas de chucherías, alguna botella de vino, leche, chocolatinas, pañales si se tercia… (Aprovecho para pedir disculpas desde aquí al chico que iba detrás de mí en la cola, juro que cuando posaste la caja de preservativos multifruta en la cinta, me volví inquisitorialmente hacia ti sin querer, fue un acto reflejo).

Podría aprovechar esta ocasión para hablar, ya puestos y por el mismo precio, del tongo de Etxebide (lo dicen los afortunados en el sorteo y los no tanto), o de aquel tipo tan forrao como para convertir su VPO en el paraíso de la Preysler… pero no, por hoy me basta con echar una mirada a los que, se supone, mis semejantes, y ver por un lado que no tengo nada que ver con ellos, y por otro lado… que igual la gran clase media, con o sin crisis económico-inmobiliaria, ya no es tan media…


PD: dedicado a Ales, la lengua más afilada de la ciudad (“esto no es gente VIP, esto es gente VPO”).

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~ por labea en 28 junio, 2007.

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