PLENILUNIO

Mi relación con Antonio Muñoz Molina comenzó en la biblioteca del barrio. En algún sitio debí leer que Plenilunio era una buena novela (nótese que estos bueno hábitos de interesarme por la actualidad literaria se han diluido en estos últimos diez años) y allá que me fui a buscarla, atraída especialmente por su título. No tengo recuerdo de que los señores bibliotecarios fueran especialmente agradables, pero sí me consta que fruncían el ceño cuando les devolvías el libro justo momentos antes de enviarte la carta que sugería, educadamente, que devolvieras el libro prestado de una puta vez. La verdad es que nunca conseguí terminarme un libro en los quince días del préstamo, por delgado o interesante que fuera.

Tuve que interrumpir la lectura de Plenilunio (creo recordar) hasta en dos ocasiones, y no porque me desagradara (como me está ocurriendo con La conjura de los necios), lo cierto es que me tenía encandilada, pero… los detalles… el tema… Al final me armé de valor y me puse de nuevo al lío, hasta que se acabó.

Unos años más tarde, recomendé su lectura a una amiga con bastante más criterio que yo en éste y otros asuntos (ella me sugirió La montaña mágica, que ya… si eso… un día me pondré y tal…). Cuando nos volvimos a encontrar me dijo que la había pasado una cosa muy curiosa durante su lectura: por unos meses tuvo que dejarlo porque se sentía fatal leyendo esa historia, pero finalmente se hizo fuerte en sus posiciones, y así hasta la última hoja. Me impresionó aquello, la verdad.

La fiebre adolescente por Plenilunio (que ya lo he mencionado tres veces) se fue hinchando con algún premio recibido, y al final acabaron desfilando por casa otras obras del amigo Antonio, como Beatus ille (creo que actualmente habita en una de las cajas de mudanza que ya no me molesto en deshacer), Beltenebros, El jardín del edén…. y El jinete polaco, cuya lectura he retomado por quinta vez , tan segura como las otras cuatro anteriores de que ésta es la definitiva, y más aún sabiendo que en la otra punta del Estado hay alguien enfrascado también en las historias de Mágina (¿qué tal lleva el libro, don Ult? ^^). Mientras, en la estantería, El viento de la luna espera su turno para ser leído, y tal vez me haga con El invierno en Lisboa….

PD: parezco una groupie adolescente, pero no, ¿eh?. Lo prometo. 🙂

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~ por labea en 26 junio, 2007.

7 comentarios to “PLENILUNIO”

  1. Lo llevo, lo llevo.

    Lo colé en mi lista de lecturas pendientes y aunque últimamente no tengo mucho tiempo y leo mucho menos de lo habitual… lo llevo.

    Al ritmo actual ya te contaré que tal dentro de unos dos o tres años, al poco tiempo se suma que el librito en cuestión es un tanto espeso, y que Muñoz Molina, por lo visto, tiene especial afición a usar frases (entiéndase lo que va de un punto a otro) de varias páginas de longitud.

  2. Bueno, ya te vas acercando a “Sefarad” , “Ventanas de Manhattan”… Al que yo echo de menos es al Muñoz Molina articulista. Por cierto: la película, de la que pones el cartel, es mala. Ánimo y no decaigas en la lectura.

  3. Señor Ulthar, perdone que le diga que cada día está usted más cascarrabias, aunque es verdad que la longitud de las frases es… pero pone muchas comas que te permiten respirar, lo cual es estupendo.
    Y por cierto, cinéfilo como es, si en algún momento se le pasó por la cabeza ver la peli de Plenilunio… háganos caso a don Pedro y a mí (por una vez), y emplee esas dos horas en adelantar con El jinete polaco…
    🙂
    PD: la imagen aparece, básicamente, porque las fotos del propio Antonio, que es lo que yo realmente quería poner, son de traca.

  4. Son tan de traca, que sólo su mujer, Elvira Lindo, sería capaz de elogiarlas (a su estilo, claro). Si es que no se puede tener todo…

  5. Jajaja
    ¡Venga va! ¡una dedicada!
    http://www.cadenaser.com/comunes/2004/bodareal/fotos_invitados.html?nav=05&foto=13
    (Luego me explicáis qué hacían en la boda del príncipe :S)

  6. Pues, buscando casualidades, no hace mucho que me releí la novela. En esta ocasión la saboreé más, disfruté más de los detalles y envidié esa forma de escribir haciendro frases dentro de frases a modo de espiral.

    Sólo tengo leídas Beltenebros y Plenilunio, pero creo que para leer a Muñoz Molina hay que estar un poco en paz con uno mismo. Sus personajes son tan sufridores de la vida como cualquiera de nosotros. La única diferencia es que ellos nos lo cuentan y según uno se hace “mayor” (ese adjetivo tan relativo) se identifica más con ellos y con sus frustraciones.

    Por cierto, muy agradecido de tu visita y perdón por las molestias lacrimales (^_^) No te había descubierto entre la BurgoSfera. Y es que cada día somos más…

  7. Pues si es un recién llegado, le damos la bienvenida. Ya ve que en un humilde blog no se pueden pedir peras al olmo…

    Ahora me ha dejao con la duda de si seguir leyendo El jinete polaco o esperar uno añitos…o igual inconscientemente era eso por lo que he tenido que re-empezarlo tantas veces…:S

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