NIÑOS

Me hizo mucha gracia un reportaje en la revista XL Semanal del domingo. Daba voz a preadolescentes (como gustan de llamar ahora a los chavales de aproximadamente 12 años) que la dejaban a una sonriente algunas veces, pensativa otras…

Se me puso una “sonrisilla tierna” leyendo que no quieren saber nada de besos, que eso les da asco y no se ven (ya me lo dirán en unos años… jiji).

Me quedé pensativa con eso de que los adultos se ponen a caer de un burro y, al poco rato, se quieren como si nada (¿será el amó?).

Me surgeron remordimientos nutricionales al recordarme la popular (e incierta) idea de que, atiborrándote a chorizo, te salen granos.

Y sentí empatía generacional viendo que todavía hay fans (en estos días que corren) de la palabra esternocleidomastoideo.

Entre todos ellos, el que más me llamó la atención fue un chiguito de 11 años que decía algo así como que, a veces, por la calle, piensa que puede haber una bomba…

Como adulta, al leer esto, sentí vergüenza.

PD: a veces tengo pensamientos de chiquillo de 11 años.

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~ por labea en 10 mayo, 2007.

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